Arzobispado de Puerto Montt

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Opinión Arzobispo de Puerto Montt: Magnifica Humanitas I

No es extraño que en la actualidad cuando se juntan dos o más personas a conversar, alguno cuente diversas experiencias que ha tenido con la Inteligencia Artificial (IA). Se comparten situaciones vividas, desde una simple consulta hecha a ChatGPT a elaboraciones más complejas realizadas en el ámbito laboral. Del intercambio del asombro por la rapidez con que opera la IA, se pasa a preguntas de mayor envergadura que apuntan al impacto que tendrá este instrumento en la vida de las personas, a la orientación que tiene o puede llegar a tener la IA y, en definitiva, a si esta herramienta va a controlar, dominar o sustituir al ser humano. Ante estas preguntas, muchas veces los interlocutores quedan en silencio y emiten un suspiro, avizorando con angustia un futuro incierto. En este contexto, el lunes pasado se presentó ante el mundo entero la primera encíclica del Papa León XIV. Una encíclica es una carta circular del Romano Pontífice que aborda temas doctrinales que tienen que ver con la vida presente. Son un verdadero acto magisterial del Papa. Por eso, las encíclicas son importantes, pues iluminan la vida de los creyentes desde el evangelio de Jesucristo y plantean una serie de preguntas y reflexiones a la sociedad contemporánea, de manera que los no creyentes también se sienten interpelados. Magnifica Humanitas es un documento que nos introduce de lleno en los desafíos que conlleva la IA en la vida de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Así como hace 135 años León XIII golpeó a su época con la encíclica Rerum Novarum, ahora León XIV abre un horizonte de discusión e interpelación con la encíclica Magnifica Humanitas. León XIII abordó desde la fe las implicancias antropológicas de la revolución industrial; León XIV trata desde la fe los desafíos antropológicos de la revolución digital. En el medio de estas revoluciones está el ser humano con sus búsquedas, sueños, fragilidades y esperanzas. ¿Qué pasa o va a pasar con las personas? El primer capítulo de Magnifica Humanitas plantea cómo la Iglesia ha ido caminando de la mano con la humanidad es su historia, escuchando las búsquedas humanas y elaborando el magisterio social que ilumina desde la fe esas búsquedas. El segundo, presenta los fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia. En el tercero, entra de lleno en el tema, subrayando que desde el humanismo cristiano el ser humano posee una dignidad y originalidad maravillosa que no puede ser manipulada o sustituida por la técnica o la IA. El cuarto aborda temas como la verdad, la comunicación, la dignidad del trabajo en el ámbito digital, la valorización del trabajo en la economía moderna y la importancia de custodiar la libertad humana. El quinto y último entra en temas muy complejos para la sociedad contemporánea y que dicen relación con el control de la IA, el manejo del poder, el uso ético de la IA, especialmente en la guerra y en la paz, la diplomacia y la crisis del multilateralismo, en definitiva, ¿quién maneja el poder y para qué en el mundo que se está construyendo desde la revolución digital? Como son temas vigentes y urgentes, esta encíclica ha causado gran impacto mundial, al que ciertamente no podemos permanecer ajenos.       + Fernando Ramos Pérez Arzobispo de Puerto Montt      

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Arzobispo de Puerto Montt se suma a campaña internacional por la libertad religiosa

En el marco de la presentación del Informe de Libertad Religiosa 2025 y de la visita a Puerto Montt de la experta internacional en libertad religiosa Marcela Szymanski, representantes de la Fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN Chile) sostuvieron un encuentro con el Arzobispo de Puerto Montt, Mons. Fernando Ramos Pérez. La reunión se realizó el jueves 28 de mayo en dependencias del Arzobispado y contó con la participación de la directora de ACN Chile, Magdalena Lira, junto a Marcela Szymanski, especialista internacional en libertad religiosa y derechos humanos. Durante el encuentro, Mons. Fernando Ramos firmó el manifiesto internacional por la libertad de pensamiento, conciencia y religión, adhiriendo a la campaña de sensibilización impulsada por Ayuda a la Iglesia que Sufre en distintos países del mundo. Esta iniciativa busca promover el respeto y la protección de un derecho fundamental reconocido por los tratados internacionales de derechos humanos: la libertad de creer, practicar y manifestar públicamente la propia fe.     La visita de Marcela Szymanski a la Arquidiócesis de Puerto Montt se desarrolló en paralelo a una serie de actividades vinculadas a la difusión del Informe de Libertad Religiosa y a la realización de un seminario efectuado en la Universidad San Sebastián, instancia que reunió a representantes del mundo académico, eclesial y de la sociedad civil para reflexionar sobre los desafíos actuales que enfrenta este derecho en diversas regiones del mundo. Al suscribir el manifiesto, Mons. Fernando Ramos reafirmó el compromiso de la Iglesia de Puerto Montt con la promoción de la libertad religiosa, el diálogo, la paz social y la defensa de la dignidad de toda persona, independientemente de sus creencias. La Fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre es una organización pontificia internacional que apoya a comunidades cristianas perseguidas, discriminadas o afectadas por conflictos en distintos lugares del mundo, además de promover el conocimiento y la defensa de la libertad religiosa como un derecho humano fundamental.

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La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos

Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo.     «La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial. Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (4), ni «un mal en sí misma» (9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (16). – TEXTO COMPLETO DE LA ENCÍCLICA “MAGNIFICA HUMANITAS” La Doctrina Social de la Iglesia es teología de la comuniónEl primer capítulo —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio— repasa la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el magisterio reciente y en el Concilio Vaticano II, poniendo de relieve «su carácter dinámico» (17). Lejos de ser «un manual de principios y normas que aplicar», la DSI es más bien «un camino de discernimiento comunitario», una «teología de la comunión en la historia» (27) que orienta la lectura de los acontecimientos a la luz del Evangelio. León XIV recuerda el pensamiento de sus predecesores: desde Pío XII —el primero en emplear la expresión «Doctrina social de la Iglesia» en la exhortación apostólica Menti nostrae de 1950— hasta el Papa Francisco, pasando naturalmente por la Rerum novarum de 1891, definida como «hito en la evolución del magisterio social» (30). En sus respectivas épocas, cada sucesor de Pedro «ha puesto de relieve diferentes aspectos de un único patrimonio: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, la destinación universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad» (45). Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que se pueda explotarEn el segundo capítulo, León XIV enumera los Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia: entre los primeros, incluye la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es necesario recordarlo, ya que «la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos» puede reducir a la persona a «un recurso que se usa y se explota» o a «lo que realiza o produce» (51). Por el contrario, «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada» (53). Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural»: a este respecto, León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (55). El tercer fundamento es el reconocimiento de los derechos de las minorías, con especial atención a las mujeres: en su favor, el Pontífice pide «decisiones concretas» en las leyes, en el trabajo, en la educación, en las responsabilidades sociales y políticas, para que sean verdaderamente escuchadas y valoradas (57). Es inmoral e inaceptable eliminar o someter a una naciónEn cuanto a los principios de la DSI, León XIV señala cinco: el primero es el bien común, «forma social de la dignidad reconocida a cada uno» (59). En un punto el Papa es particularmente firme: «La promoción del bien común no puede separarse nunca del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su originalidad a la familia de las naciones». En consecuencia, «cualquier intento o proyecto de eliminar o someter a una nación es gravemente inmoral y, por tanto, inaceptable» (64). La tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocosEl segundo principio se refiere a la destinación universal de los bienes: aquí y en otros puntos de la encíclica, León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital (67). De ello se derivan el tercer y el cuarto principio, a saber, la subsidiariedad (68) —que exige superar el paternalismo y el asistencialismo en favor de la corresponsabilidad— y la solidaridad (73), «principio y virtud» que se opone a la indiferencia y tiene en cuenta a los pueblos y a las generaciones futuras. La justicia social y la «prueba de fuego» de los migrantesEl quinto principio de la DSI señalado por el Papa es la justicia social: en la era digital, debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación, someter a control público el uso de los datos y las tecnologías, «de modo que el criterio no sea solo el lucro, sino la dignidad

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Fe, patriotismo y memoria marcaron el Te Deum de las Glorias Navales en la Catedral de Puerto Montt

En la Catedral de Puerto Montt se vivió una jornada de reflexión, fe y unidad al conmemorarse el Día de las Glorias Navales, fecha que recuerda el heroísmo de Arturo Prat y la tripulación de la Esmeralda en el histórico Combate Naval de Iquique. El 21 de mayo diversas autoridades civiles y militares llegaron hasta la Iglesia Catedral de Puerto Montt para participar en el tradicional Te Deum de Acción de Gracias por las Glorias Navales. La celebración fue presidida por el arzobispo de la Arquidiócesis de Puerto Montt, monseñor Fernando Ramos Pérez, quien durante su homilía realizó un recorrido por distintos aspectos de la vida de Arturo Prat y de sus hombres, destacando especialmente su profunda fe en la Iglesia Católica y su devoción a la Virgen del Carmen.     En su reflexión, el arzobispo recordó que los marineros de la Esmeralda portaban escapularios como signo de fe y protección, destacando además que una imagen de la Virgen que pertenecía al héroe naval permanece actualmente resguardada en un museo como parte de su legado histórico y espiritual. Asimismo, durante la ceremonia se elevó una oración especial por todos los trabajadores y trabajadoras cuyas vidas y labores diarias se relacionan con el mar, reconociendo su esfuerzo y aporte al desarrollo del país. La comunidad presente vivió este significativo momento con recogimiento y gratitud, renovando el recuerdo y homenaje a quienes dieron su vida por Chile.

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Palabras, Paz y Convivencia

Cuando era niño, después de haber aprendido a leer y haber disfrutado de los “mundos” que se abrían por medio de la lectura, comencé a descubrir el poder de las letras y las palabras. Me parecía que cada libro generaba un maravilloso milagro, pues combinando algunas de las 22 consonantes y 5 vocales, se construían de manera infinita palabras, oraciones, historias y cuentos que narraban vivencias de protagonistas que poco a poco se iban acercando a mi vida. Fue así como fui entendiendo el poder maravilloso de las 27 letras que es capaz de introducir al lector en realidades desconocidas e inesperadas. La literatura y sus múltiplos géneros literarios son una poderosa herramienta que mueve al intelecto humano a hacer grandes travesías en la mente y en el espíritu, y de esa forma plasmar también la realidad del y los lectores. En la historia de la humanidad encontramos muchos textos que han inspirado pueblos y generaciones enteras para conseguir algún objetivo, para realizar algún sueño o para incrementar la esperanza de hombres y mujeres. Es cosa de detenerse, por ejemplo, en la importancia que ha tenido la Biblia en más de dos mil años de historia; es el libro más vendido y traducido a diversos idiomas, y sigue animando hoy a millones de personas. Por este motivo, las palabras también construyen realidades, lo cual le confiere al ser humano una gran responsabilidad para usarlas desde una perspectiva ética para que desde la fantasía de las utopías cautivantes narradas por la literatura no se pase a mundos distópicos, llenos de oscuros presagios que siembran la desesperanza en el presente. O bien no se utilicen para agredir, ofender o dañar a los demás. Lamentablemente en el último tiempo algunos conspicuos exponentes de la así llamada clase política se han dedicado a usar el lenguaje para ofender, tergiversar y generar un ambiente de crispación y exacerbación que no hace otra cosa que alterar la paz y golpear la convivencia social. Por esto, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, el pasado 13 de mayo, señalaba que: “Resulta doloroso y motivo de justo escándalo para la ciudadanía, y sobre todo para nuestra juventud, observar a autoridades enfrascadas en disputas constantes, descalificaciones personales, lenguaje impropio e incluso expresiones soeces, que lesionan gravemente la nobleza del servicio público. Cuando quienes deben elevar el debate lo rebajan, no solo dañan a su propia investidura, sino que contribuyen al desprestigio de las instituciones. Quien pierde la medida en las palabras, fácilmente hiere la caridad y ofende. Toda función pública debe ser un servicio que favorezca la verdad”. Esperamos que estas palabras nos alienten buscar caminos de diálogo y de paz para construir una convivencia social desde la amistad cívica que tanto necesitamos ahora en Chile.       + Fernando Ramos Pérez Arzobispo de Puerto Montt    

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En Cristo somos uno: Mensaje del Comité Permanente en el primer aniversario del Pontificado de S.S. Léon XIV

Su lema «In Illo uno unum», inspirado en san Agustín, ha iluminado este primer año como una convocatoria a servir a la comunión eclesial y a la unidad de todo el género humano. Acogemos su exhortación a construir “una Iglesia misionera, que abre los brazos al mundo y se convierte en fermento de concordia para la humanidad” (Homilía Celebración Eucarística con Motivo del Inicio del Ministerio Petrino), renovando nuestro compromiso de ser testigos creíbles del Evangelio en medio de una historia marcada por tensiones, pero también por un vivo anhelo de paz y reconciliación. Como pastores del Pueblo de Dios que peregrina en Chile, en esta fecha tan significativa reiteramos nuestra plena adhesión filial al Sucesor de Pedro, valorando que su voz frente a los conflictos del mundo, brote desde el Evangelio de Jesucristo para la edificación del bien común, la dignidad de las personas y la paz entre las naciones. Imploramos al Señor que conceda al Papa León XIV el don de una larga vida y un fecundo ministerio, para que su bendición apostólica continúe sosteniéndonos en el anuncio de Jesucristo Salvador en nuestro querido país. Encomendamos esta intención y la vida de Su Santidad al amparo maternal de la Santísima Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, pidiéndole que nos enseñe a caminar unidos en la fe y la esperanza. EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE + René Rebolledo SalinasArzobispo de La SerenaPresidente + Ignacio Ducasse MedinaArzobispo de AntofagastaVicepresidente Card. Fernando Chomali GaribArzobispo de Santiago + Juan Ignacio González ErrázurizObispo de San Bernardo + Cristián Castro TooveyObispo de Santa María de los ÁngelesSecretario General Fuente: Comunicaciones CEChCECh, 08-05-2026 Documentos Adjuntos:   Mensaje del Comité Permanente en el primer aniversario del Pontificado de S.S. Léon XIV (pdf)    

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Con fe y alegría se celebró el Día de la Exaltación de la Santa Cruz

La comunidad parroquial de Cristo Crucificado de Puerto Montt vivió con profunda fe y alegría la celebración el Día de la Exaltación de la Santa Cruz, instancia en la que el patrono de la comunidad reunió a los fieles en torno a la Santa Misa presidida por el Arzobispo de Puerto Montt, Monseñor Fernando Ramos. Durante el ofertorio, las distintas comunidades y numerosos fieles hicieron entrega de sus cajitas de alimentos para la campaña Cristo Solidario, gesto concreto de fraternidad y esperanza hacia las familias más vulnerables. Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue la entrega del Galardón Exaltación de la Santa Cruz a Marianela Haro y Andrea Cárdenas, en reconocimiento a su testimonio de servicio y compromiso con la vida parroquial. La comunidad agradeció a todas las personas que hicieron posible esta fiesta de fe: quienes oraron, bailaron, cocinaron, donaron y sirvieron con generosidad, renovando así el llamado a caminar unidos bajo la Santa Cruz de Cristo.    

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Opinión arzobispo de Puerto Montt: San José y el trabajo.

Con ocasión de la reciente celebración el pasado 1° de mayo del día internacional del trabajo, cabe preguntarse qué significa para nosotros el trabajo. En el año 1955, el Papa Pío XII instituyó para ese día la conmemoración litúrgica de San José Obrero como una forma de presentar a este carpintero como referente para los trabajadores del mundo. Desde antiguo, las comunidades cristianas han visto en la figura de San José a un santo que, por una parte, se constituyó en padre adoptivo de Jesús de Nazareth, acompañándolo en sus primeros años de vida en este mundo, y, por otra, a un trabajador manual que con su esfuerzo cotidiano permitía que su hogar, constituido además por Jesús y María, tuviera lo necesario para enfrentar la vida.     En la actualidad, especialmente entre algunos adultos jóvenes, el trabajo es una especie de mal necesario para obtener dinero que permita financiar otras actividades más entretenidas o atrayentes. Por eso, no es raro constatar la falta de vinculación o involucramiento personal en los lugares de trabajo o ver que muchas personas duran poco en sus lugares de trabajo, buscando permanentemente una mejor remuneración o un trabajo distinto. Así el trabajo no es visto como una forma de trascenderse a sí mismo que permita seguir “plasmando” el mundo y la sociedad desde ciertos valores que lo hagan mejor y más humano. Hace casi 45 años el Papa Juan Pablo II publicaba una carta encíclica en la que señalaba: “Con su trabajo el hombre ha de procurarse el pan cotidiano, contribuir al continuo progreso de las ciencias y la técnica, y sobre todo a la incesante elevación cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad con sus hermanos” (Laborem exercens, introducción). Es justamente esta característica de ser instrumento para el progreso y la elevación cultural y moral, lo que lo hace del trabajo una realidad necesaria para todos los seres humanos adultos. No es solo un modo de obtener dinero. Más aún cuando reducimos la actividad humana a una sola y desesperada búsqueda de mayor retribución económica, todo el resto comienza a quedar sometido a esa búsqueda, lo que lleva a la persona a permanecer esclava de su avaricia. La dimensión ética ayuda a perfilar nuestra búsqueda de trabajo. José, el carpintero de Nazaret, nos enseña que todo trabajo honesto no sólo retribuye económicamente sino también dignifica a las personas. En este sentido Juan Pablo II decía: “El trabajo es un bien del hombre – es un bien de su humanidad –, porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido se hace más hombre” (Laborem exercens, 9).     + Fernando Ramos Pérez Arzobispo de Puerto Montt

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León XIV: la santidad no es un privilegio para unos pocos, compromete a todo bautizado

Continuando con las reflexiones sobre la Lumen gentium, en la audiencia general el Pontífice se detiene en la vocación universal a la santidad: “La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados”. La Plaza de San Pedro resplandece. Peregrinos de todas partes del mundo la llenan de entusiasmo y devoción. El Papa se concede un largo recorrido en el papamóvil por los pasillos acordonados, bendiciendo a la multitud, saludando a los niños y a todos los fieles con afecto. En su catequesis del 8 de abril, durante la audiencia general, vuelve a abordar los temas de la constitución conciliar Lumen gentium, donde se habla de la vocación universal a la santidad, y reitera que la santidad es un don que hay que acoger con alegría y compromiso. De hecho, el camino hacia la santidad se ofrece a todos, subraya el Sucesor de Pedro, consciente de que no se trata solo de un compromiso ético, sino de la esencia misma de la vida cristiana.       No es un privilegio para unos pocos Todos los creyentes, por tanto, están llamados a la santidad, recuerda el Papa, y a su núcleo más profundo y constitutivo: la caridad. No es algo reservado a unas élites, sino a todo el pueblo de Dios: “La santidad, según la Constitución conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender hacia la perfección de la caridad, es decir, hacia la plenitud del amor a Dios y al prójimo. La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados”. Listos para confesar a Cristo, hasta la sangre El Pontífice precisa, siempre a la luz del documento conciliar, cuán importante es el martirio, culmen de la santidad. Un horizonte que no es ajeno a nuestros días, ni mucho menos, como se recuerda: “Todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta la sangre, como siempre ha sucedido y sigue sucediendo hoy. Esta disposición al testimonio se hace realidad cada vez que los cristianos dejan huellas de fe y de amor en la sociedad, comprometiéndose con la justicia”. No solo compromiso ético, sino esencia de la vida cristiana Todos los sacramentos, en particular la Eucaristía, contribuyen a la plena conformación a Cristo, “modelo y medida de la santidad”. Acertada la cita de San Carlos Acutis, que el Papa hizo al saludar a los peregrinos de lengua portuguesa: “Ante el sol uno se broncea. ¡Ante la Eucaristía uno se vuelve santo!”. La santidad, añade León, es una misión cotidiana que hay que llevar a cabo con una conversión continua. León XIV: El anuncio de una tregua inmediata es un signo de gran esperanza El Papa también quiere destacar la dimensión de la santidad que va más allá de la mera adhesión a unas orientaciones morales, ya que la santidad, se podría decir, constituye el ADN del ser cristiano: “La santidad no tiene solo una naturaleza práctica, como si se redujera a un compromiso ético, por grande que sea, sino que atañe a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria”. Pobreza, obediencia, castidad: no son cadenas, sino dones liberadores León XIV cita a San Pablo VI cuando afirma que todos los bautizados deben “ser santos, es decir, verdaderamente hijos suyos dignos, fuertes y fieles”. Y luego ensalza la vida consagrada, que tiene un “papel decisivo”. Recomienda, a este respecto, considerar la pobreza, la castidad y la obediencia no como prisiones: “Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, a través de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios”. Explica el sentido de cada una de estas virtudes: la pobreza libera “del cálculo y del interés propio»; la obediencia libera “de la desconfianza y del dominio”; la castidad “es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia”. El sufrimiento como camino de santidad A pocos días de la Pascua de la Resurrección del Señor, el Obispo de Roma invita a contemplar de nuevo el sacrificio del Crucificado, a través del cual “¡todos somos redimidos y santificados!”. Y asegura: “No hay experiencia humana que Dios no redima: incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en camino de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos fortalece así en cada prueba, indicándonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor”. Fuente: Por Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano

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Misa en la Catedral de Puerto Montt por el 99° Aniversario de Carabineros de Chile

En el marco del 99° Aniversario de Carabineros de Chile, se celebró una Misa en la Catedral de Puerto Montt, instancia de encuentro, oración y homenaje a quienes han dedicado su vida al servicio del país y al resguardo de la seguridad de la comunidad. La Santa Misa fue presidida por el Padre Juan Caamaño, quien, en un ambiente de recogimiento y gratitud, invitó a los presentes a valorar la vocación de servicio y el compromiso diario de los funcionarios de la institución, especialmente en favor de las familias y de quienes más lo necesitan. La celebración litúrgica reunió a autoridades civiles y policiales, junto a fieles de la comunidad, constituyéndose en un espacio cargado de respeto, memoria y compromiso, en el que se elevó una especial oración por los mártires institucionales, recordando su entrega generosa y su testimonio de servicio, y pidiendo por el consuelo de sus familias y compañeros de labores. Como Iglesia, se reafirmó la cercanía espiritual con quienes cumplen la misión de servir al bien común, encomendando a Dios su trabajo cotidiano y pidiendo por la paz, la justicia y la unidad en nuestra sociedad.    

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