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Educación e Inteligencia Artificial

Hace pocos días escuché una interesante conversación en una radio acerca de cómo la educación universitaria está cambiando a pasos agigantados, gracias al uso masivo de la inteligencia artificial (IA) por los alumnos y también por los profesores. Entre los cambios que se ponían evidencia se mencionaba que los trabajos de investigación bibliográfica ya no son elaborados por los alumnos, sino por la IA. Por esto, cada vez hay más profesores que desisten de solicitar este tipo de trabajos a sus alumnos. Y así muchos otros cambios que tienen que ver con el acelerado procesamiento de datos que desarrolla la IA. A partir de esta realidad, no faltan los que postulan que las universidades comenzarán a perder relevancia en el proceso formativo de los futuros profesionales.

Una mirada a la escuela básica y media también nos permite encontrarnos con una utilización cada vez más masiva y frecuente de la IA, generando desafíos y preguntas de cómo integrarla de manera creativa y positiva en los procesos educativos de las escuelas. En efecto, la escuela es el lugar donde se aprende a descubrir, buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona, en donde los padres tienen el derecho inalienable de elegir el tipo de educación que se imparta a sus hijos, de acuerdo a sus convicciones religiosas, morales y espirituales. ¿Afecta o condiciona en todo esto la IA?

El Papa León XIV, en su reciente encíclica, Magnifica Humanitas, plantea que uno de los retos más importante de la educación en la actualidad es de carácter intelectual y sapiencial. Los algoritmos y el proceso increíblemente veloz del cruce de datos e información puede generar “un sistema educativo carente de amor por la verdad, en el que flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento. Se multiplican los conocimientos fragmentarios, pero se hace más difícil captar la realidad en su conjunto, plantear preguntas sobre el sentido de las cosas y desarrollar un auténtico pensamiento crítico y creativo” (no. 146).

La pregunta de fondo en la educación seguirá siendo la misma: ¿para qué educamos? ¿basta en saber muchas cosas o procesar una gran cantidad de información como efectivamente lo hace la IA? En realidad, una auténtica educación debe ayudar a las nuevas generaciones a encontrar sentido a sus vidas, a descubrirlo al interior de sus comunidades de pertenencia, en las que heredan una cultura elaborada por muchas generaciones. De lo contrario, entraremos en un tipo de educación que abre caminos hacia la deshumanización.

 

 

 

+ Fernando Ramos Pérez

Arzobispo de Puerto Montt