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Arzobispado de Puerto Montt

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Nuevas orientaciones para renovar la catequesis de iniciación cristiana en Chile

Nuevas orientaciones para renovar la catequesis de iniciación cristiana en Chile Fruto de un trabajo sinodal el documento se hace cargo de una necesidad urgente, proponiendo una brújula para todos aquellos que deseen anunciar, testimoniar y transmitir la fe de manera viva, inclusiva y misionera. Con un enfoque bíblico, kerigmático y comunitario, estas orientaciones no solo actualizan metodologías e incluyen a los medios digitales, sino que ponen a Jesús y a la comunidad en el centro de la experiencia cristiana. ¿El objetivo? Formar discípulos misioneros que lleven el Evangelio a cada rincón de nuestro país, respondiendo a los desafíos de una sociedad cambiante, fuertemente secularizada. Este es una llamado a catequistas, pastores, agentes de pastoral, a actuar. Este no es un simple texto para leer, sino una invitación a renovar el corazón de nuestras comunidades con pasión y compromiso. Porque Chile necesita una catequesis que sea luz, esperanza y encuentro con el Cristo vivo. ¿Te unes a este desafío? ¡Descubre más y transforma tu comunidad! – Descarga aquí las “Orientaciones para renovar la catequesis de iniciación cristiana en Chile” Próximamente estará disponible la versión impresa, para quienes estén interesados en adquirir un ejemplar físico. Fuente: Secretariado Pastoral CEChCECh, 09-01-2025 Documentos Adjuntos:   Orientaciones para renovar la catequesis de iniciación cristiana (pdf)

Jóvenes de Misión País reciben la bendición en Puerto Varas

Jóvenes de Misión País reciben la bendición en Puerto Varas Al igual que años anteriores, la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Puerto Varas recibió con  mucha alegría a los jóvenes de Misión País; que este año nuevamente estarán entregando la Palabra de Dios en los sectores de Alta Esperanza, Villa Los Presidentes, Villa Casino y alrededores.Así mismo fueron bendecido por el Padre Daniel Acuña para que Dios y la Santísima Virgen los acompañen en esta hermosa tarea de evangelizar.Fuente: Comunicaciones Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Puerto Varas.

Cientos de fieles visitaron Reliquia de Carlo Acutis en la Diócesis de Puerto Montt

La comunidad de Puerto Varas, Puerto Montt, Llanquihue, Frutillar han podido contemplar la reliquia de Carlo Acutis, quien fue beatificado por el Papa Francisco el 10 de octubre de 2020. Después de que se confirmara un segundo milagro atribuido a la intercesión de Acutis en mayo de 2024, el Papa Francisco otorgó la aprobación en julio de 2024 para seguir adelante con la canonización, que está programada para el 27 de abril de 2025. Carlo Acutis nació el 3 de mayo de 1991 en Londres, hijo de Andrea Acutis y Antonia Salzano. Desde muy joven, Carlo mostró un profundo amor por Dios y la Iglesia que inspiró a sus padres. “Antes del nacimiento de Carlo, estaba realmente atrapada en la cultura de nuestro tiempo”, dice su madre. “Fui prisionero de todo lo relativo y limitado”. Pero “Carlo me mostró cómo vivir en mi siglo y al mismo tiempo mirar hacia la eternidad”. Más tarde, su familia se mudó a Milán, Italia, donde la pasión de Carlo por la programación informática floreció junto con su fe cada vez más profunda. Acutis es actualmente un beato y va camino de la canonización. Acutis es celebrado no solo por su piedad, sino también por su capacidad de integrar su fe con la tecnología moderna, resonando profundamente entre los jóvenes católicos de todo el mundo. Dejamos aquí algunas fotografías de su visita en la Diócesis de Puerto Montt. Fuente: https://es.catholic.com/

Diócesis de Puerto Montt celebra la Apertura del Año Jubilar de la Esperanza 2025 con la comunidad

Diócesis de Puerto Montt celebra la Apertura del Año Jubilar de la Esperanza 2025 con la comunidad El 24 de diciembre el papa Francisco abrió la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, dando inicio al Jubileo 2025 y dispuso que en cada Catedral de las Diócesis de todo el mundo se inicie este rito de apertura del año jubilar. Cientos de fieles, en la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, se reunió en la Iglesia de los Padres Jesuitas para iniciar la procesión a la Catedral de Puerto Montt y dar inicio al Año Jubilar en la diócesis. Al comienzo de la jornada el arzobispo Fernando Ramos entregó sus palabras, expresando la importancia de este acto y de la fe de los católicos. El arzobispo de Puerto Montt, Fernando Ramos dijo que “con alegría nos reunimos esta tarde después de haber hecho una breve procesión de la Iglesia de San José, de la Compañía de Jesús, hasta acá. Nosotros para expresar nuestra fe, para tener también algunas certezas frente a la fe, utilizamos muchas veces un lenguaje simbólico, usamos símbolos que representan muchas de las expresiones de nuestra fe. Y la procesión que hicimos ahora no fue un simple caminar para llegar a la catedral, sino que también fue una expresión simbólica. Este breve caminar resumía nuestra vida que siempre está en movimiento, siempre estamos yendo de una parte a otra. Pero, así como el mundo es tan grande y son tantas las personas y hay tantos lugares donde uno está y hacia donde puede ir, con facilidad uno se puede perder del camino que va a emprender o tomar rutas que no nos sirven o rutas que son inútiles, o por el contrario, incluso más, que nos pueden hacer mucho daño o mucho mal. Por eso es importante que tengamos siempre alguien que nos acompañe en nuestro caminar. Y en esta procesión, simbólicamente, había dos realidades muy importantes que nos acompañaban. Por una parte, este caminar no lo hicimos solo, lo hicimos en grupo, los que estamos acá, lo hicimos en comunidad. Y en esta comunidad tan variada hay adultos, hay niños, hay sacerdotes, hay religiosas, la gran mayoría laicos y laicas, representan lo que es la Iglesia. La Iglesia es eso, un gran conjunto, una gran comunidad de personas, de hombres, de mujeres, de niños, adultos, religiosos, religiosas, sacerdotes, liacos, de personas donde todos los que estamos acá hemos sido bautizados y hemos recibido el don de la fe solo por gracia del Señor.  Y lo hemos recibido, este don,  para constituir una gran comunidad que es la Iglesia.  Este camino lo hemos hecho con otros,  y cuando vamos caminando con otros,  el camino es menos arduo, es más contenido,  es más protegido, es más acompañado, porque a veces el camino es fácil, a veces es difícil. A veces hay sol, como hoy día, aunque no quema mucho, pero a veces hay lluvia, como también suele ocurrir en estas latitudes. O bien hay viento, o bien no ocurre nada de viento, hay distintas circunstancias que muchas veces nosotros no podemos prever ni podemos controlar. Por eso, caminando con otros, haciendo comunidad, nos encontramos acompañados, protegidos, resguardados, y en el fondo vamos constituyendo una gran comunidad que es el pueblo de Dios. Pero por sobre todo, éramos acompañados por otra realidad mucho más importante que todos nosotros. Presidía nuestro caminar la cruz de Cristo. Cristo el Señor es quien nos conduce durante nuestra vida,  y cuando lo hacemos y dejamos que Él nos conduzca, es cuando encontramos el camino seguro. Encontramos la senda que tenemos que recorrer.  Sabemos qué huella tomar, aunque puedan haber muchas otras al lado, pero sabemos que nos conduce a un destino. Y en este caso el destino era esta casa de todos, la casa del Señor, que nos revela que estamos ya entrando o preparándonos simbólicamente para ser moradores, residentes permanentes del reino que nuestro Padre nos está preparando. En el Evangelio que escuchamos en la Iglesia de la Compañía de Jesús, nos retrataba un fragmento de las conversaciones que tuvo Jesús con sus discípulos en la última cena, según el Evangelio Juan, y le dice a sus discípulos en la casa de mi Padre, hay muchas habitaciones, y todos aspiramos a ser moradores de esas habitaciones. Y eso ha sido este caminar, esta procesión que hemos hecho para dar inicio a este Año Santo aquí en nuestra arquidiócesis de Puerto Montt. (5:09) ¿Qué significa un Año Santo? (5:12) ¿Por qué tenemos que hacer un Año Santo? (5:15) Llevamos siglos celebrando este Año Santo, (5:18) al principio era una vez al siglo, después cada 50 años, (5:23) y ahora se ha visto que mejor cada 25 años. Aunque hace algunos años, más o menos 10, tuvimos un Año Santo extraordinario de la misericordia. Ahora, el Santo Padre, nos invita a vivir este Año Santo bajo el lema de peregrinos de la esperanza.  A nosotros los seres humanos nos pasa una cosa muy rara,  nunca en la historia de la humanidad habíamos sido tantos, nunca había habido tanta riqueza, nunca tanto conocimiento científico, nunca tantos médicos o sistemas hospitalarios o terapias para arreglar nuestras enfermedades. La esperanza de vida, cuando los niños que nacen ahora  en nuestro país es de 80 años o más,  los que serán más viejitos, cuando nacimos era menos.  ¿Por qué? Porque hay menos, había menos atención médica y tantas cosas. Con todos estos avances y con todos estos progresos,  como quizás nunca, había tanta desesperanza en la gente,  tanta tristeza, tanto dolor, tanta angustia por el futuro. En otras latitudes hay problemas tremendamente grandes, como guerras, nosotros tenemos problemas de seguridad, de desconfianza de unos con otros, y así nos podemos dejar atrapar por la desesperanza, por el miedo, por los sombríos, andar refunfuñando todo el día. Y por eso el Papa nos invita a que seamos testigos, peregrinos de la esperanza. Nosotros tenemos una riqueza infinita, que es nuestra fe, que ninguno

Apertura Jubileo 2025: peregrinos de la esperanza

Apertura Jubileo 2025: peregrinos de la esperanza Este año el Papa Francisco ha querido que unamos la celebración de la Navidad con el inicio de un año santo para todo el próximo año 2025. Un año santo, un año jubilar en donde podemos tener acceso a la gracia a la misericordia del Señor que se hace presente en nuestra vida. Este año Santo fue inaugurado por el Papa Francisco el 24 de diciembre en la Basílica de San Pedro abriendo la puerta santa para expresar cómo el pueblo de Dios puede llegar a recibir las gracias de la misericordia que el Señor nos da. Es así como en todas las diócesis del mundo el domingo 29 de diciembre se da inicio al año santo de forma particular en las iglesias locales. En la diócesis de Puerto Montt nos reuniremos este domingo 29 de diciembre a las 16:00 horas, en la iglesia La Compañía de Jesús, en el antiguo Colegio San Javier, ubicada en calle Guillermo Gallardo para hacer una procesión y celebrar una Santa Misa de inicio del año santo en la Iglesia Catedral. Además el arzobispo de Puerto Montt, Fernando Ramos, ha escrito una Carta Pastoral para el próximo año 2025 donde se expresa qué significa el Año Santo, cuáles son las iglesias jubilares en nuestra arquidiócesis y cómo nosotros podemos participar personal y comunitariamente en este Año Santo y ganar así la indulgencia plenaria. CartaPastoralPM2025  Decreto Iglesias jubilares

La Reliquia de Carlo Acutis se encuentra en la Diócesis de Puerto Montt

La Reliquia de Carlo Acutis se encuentra en la Diócesis de Puerto Montt Con mucha alegría la diócesis de Puerto Montt se encuentra recibiendo en algunas de sus parroquias la Reliquia de Carlo Acutis, desde el 21 al 29 de Diciembre. Aquí compartimos el itinerario de la visita. Se invita a todos a seguir el recorrido de la reliquia y tener la oportunidad de ser parte de este acontecimiento. Carlo Acutis (3 de mayo de 1991 – 12 de octubre de 2006) fue un diseñador de sitios web italiano nacido en Gran Bretaña que documentó milagros eucarísticos y aprobó apariciones marianas , y catalogó ambos en un sitio web que diseñó antes de su muerte por leucemia . Acutis se destacó por su alegría, sus habilidades informáticas y su devoción a la Eucaristía , que se convirtió en un tema central de su vida. Fue beatificado por el Papa Francisco el 10 de octubre de 2020. Después de que se confirmara un segundo milagro atribuido a la intercesión de Acutis en mayo de 2024, el Papa Francisco otorgó la aprobación en julio de 2024 para seguir adelante con la canonización, que está programada para el 27 de abril de 2025.  

Nos ha nacido un niño

Esta fiesta tiene una pluralidad de significados. Para unos es una fiesta que inaugura los festejos de fin de año. Para otros es la fiesta de los niños que merecen ser agasajados y mimados por los adultos. Otros ven en esta fiesta la posibilidad de reafirmar algunos valores humanos y universales, como la paz, la benevolencia y la cordialidad de unos con otros. Todos estos significados indudablemente aportan para dar sentido a la celebración. Sin embargo, para los cristianos, la celebración de la Navidad es mucho más que lo anteriormente señalado. Esta fiesta focaliza nuestra atención en el pesebre de Belén donde brilla la presencia de un recién nacido, que esconde en sí mismo el misterio inescrutable de Dios que se hace un ser humano. Dios que visita la humanidad y la acompaña viviendo la propia fragilidad que vivimos nosotros; siendo rico, se hace pobre; siendo poderoso, se hace débil. Es tan grande este misterio que muchas veces tenemos que recurrir a categorías simbólicas para que lo representen de alguna manera. La liturgia católica – rica en simbología – propone la categoría de la luz para representar gráficamente el impacto del recién nacido, apoyándose en lo que siglos antes había dicho el profeta Isaías: “El pueblo que caminaba en las tinieblas, ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad, ha brillado una luz” (Is 9,1). De hecho, la noche del nacimiento de Jesús, unos pastores que se encontraban cerca de ese lugar, de repente se vieron envueltos en una gran luz y recibieron la buena noticia del nacimiento del Salvador. De esta forma, la Navidad no es solamente festejo, cena, regalos y buenas intenciones. Es algo más profundo que se apoya en el nacimiento de un niño que se nos ha regalado como luz de las naciones y de nuestras vidas. ¿Cuánto de tinieblas puede haber en nosotros y en nuestra sociedad? Eso es lo que viene a clarificar e iluminar el pequeño niño de Belén, para que efectivamente todo lo que nosotros somos pueda reencontrarse con el origen de nuestra existencia y de esta forma nos veamos renovados por la claridad del Dios-con-nosotros. Así podremos unirnos a las voces que cantan: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él!” (Lc 2,14).   + Fernando Ramos Pérez Arzobispo de Puerto Montt

Mons. Fernando Ramos: “la Navidad es antes que nada una fiesta en donde está al centro el niño Dios”

Mons. Fernando Ramos: “la Navidad es antes que nada una fiesta en donde está al centro el niño Dios” En la catedral de Puerto Montt, la familia de Puerto Montt se reunió el 25 de diciembre para celebrar la Navidad junto a la figura del niño Dios recién nacido. La Santa Misa fue presidida por el arzobispo de Puerto Montt, monseñor Fernando Ramos quien recordó el verdadero sentido de la Navidad: “En este día, 25 día de Navidad hacemos memoria de lo que está representado en este pesebre. Justamente anoche cuando celebramos con la catedral, colocamos el niño Dios en medio del pesebre y quedó completo este pesebre y que al centro encontramos la figura más frágil, la más incapaz de defenderse, la incapaz de hacer cualquier cosa, un niño recién nacido, es el centro del pesebre. Y la Navidad evoca este momento para celebrar muchas cosas, de hecho la fiesta de Navidad es una de las fiestas más esperadas en el año por todos y que sin embargo no todos celebran lo mismo. Para muchos la Navidad es simplemente una fiesta familiar, de encuentro, de hacerse regalos. Para otros la fiesta de Navidad es la fiesta de los niños, hay mayor consideración a los niños y eso está bien. Para otros la fiesta de Navidad es una fiesta de fraternidad, de encuentro, en donde se ponen en evidencia algunos valores como la paz, como la alegría, como el gozo, los buenos sentimientos que tenemos que tener entre nosotros. Así podemos ir agregando distintos motivos por los cuales la gente celebra la Navidad. Pero para nosotros los cristianos la Navidad, si bien es cierto, recupera todos esos elementos anteriores que he señalado, la Navidad es antes que nada una fiesta en donde está al centro el niño Dios, Jesucristo el Señor, que nace como un niño débil y frágil, pero que detrás de ese niño nosotros somos capaces de descubrir algo mucho más grande, mucho más relevante y mucho más trascendente. De hecho, escuchamos en la segunda lectura tomada de la Carta a los Hebreos, el inicio de esta Carta, que el texto decía, después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo. Este es el centro de la Navidad, Dios nos habla por medio de su Hijo. Y efectivamente, si nosotros repasamos el Antiguo Testamento, encontramos las palabras de varios profetas, de los cuatro grandes profetas, Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, y de doce profetas menores, que está Joel, Amos, Oseas, Zacarías y varios más. Y todos ellos iban traduciendo la Palabra de Dios para el presente que vivía el pueblo de Israel. Y siempre ocurría lo mismo, algunos la acogían, otros no la acogían, algunos le hacían caso a los profetas y otros, la gran mayoría, los rechazaba. Por eso, al final de los tiempos, Dios ha querido hablar por su Hijo, que es Jesucristo el Señor. Pero como escuchamos ya en el texto del Evangelio, tomado del Evangelio según San Juan, también ha ocurrido con esta palabra que llega a nosotros, con la Palabra de Dios en la persona de Jesús, que algunos la aceptan y otros la rechazan. Dice el Evangelio de San Juan, la Palabra era la luz verdadera, que al venir a este mundo ilumina a todo hombre. No es una palabra cualquiera, es una palabra que ilumina.  Pero, dice así, vino a los suyos, a los miembros del pueblo de Israel, y los suyos no la recibieron. Pero, a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Eso es lo que somos nosotros, somos aquellos que aspiramos, y anhelamos recibir esta Palabra, y a través de esa recepción nos transformamos en hijos de Dios. Eso es Navidad. En Navidad es descubrir que detrás de todo lo que nosotros celebramos, de todo lo que nosotros realizamos, muchas cosas muy hermosas y muy bonitas, detrás de todo ello lo que se hace patente y claro es que Dios se comunica con nosotros, de tal forma que Él toma lo que es nuestra condición humana. Aparece como uno de nosotros, como un niño. Aparece como un ser humano, pero que no es simplemente un ser humano, sino que es Dios mismo que quiere comunicarse con nosotros. Y nos invita a vivir la aventura que significa ser hijo de Dios. Este es el mensaje de esperanza, el mensaje de alegría que nos da hoy día la Navidad. Y por eso, como decía la primera lectura tomada del profeta Isaías, decía que hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia. ¿Por qué? Porque siempre cuando uno recibe una buena noticia, se le llena de gozo el corazón. Y los pasos de aquellos que anuncian que Jesucristo el Señor ha nacido, que es Hijo de Dios, y que se nos invita a ser nosotros también hijos de Él, es simplemente una buena noticia. Por eso, queridos hermanos y hermanas, celebremos esta Navidad con un espíritu de alegría y de gozo, sabiendo que el Señor nos visita. Y si el Señor nos visita, lo mejor que nos puede pasar es encontrarnos con Él. Porque nuestra vida cambia, nuestra vida se transforma por la presencia y la cercanía del Señor. A Él sea todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos”. Amén.

Fernando Ramos: “Con la celebración de la Navidad el Señor se presenta como una gran luz”

Fernando Ramos: “Con la celebración de la Navidad el Señor se presenta como una gran luz” El arzobispo de Puerto Montt, Fernando Ramos,  presidió la Santa Misa de Nochebuena en la Catedral de Puerto Montt. En su homilía, explicó la importancia del Señor como luz en las tinieblas para todos: “Ya comenzando esta noche, comenzamos también la celebración de la Navidad y hemos entrado en procesión con la imagen del niño que le hemos puesto al centro de este pesebre.  Toda esta representación que nosotros tenemos acá, tan gráfica, tan hermosa, nos habla de un hecho histórico efectivamente, de que Jesús de Nazaret nació en un pesebre hace dos mil años, muy lejos de acá, y que sin embargo ese nacimiento puede tener un impacto enorme y de hecho lo tiene en todos nosotros.  Y para poder comprender lo que significa este nacimiento, las lecturas de hoy nos ayudan a acercarnos a este misterio desde una perspectiva de la fe,  no simplemente ver el nacimiento de un niño, sino que aprender de ese nacimiento  y recuperar en ese nacimiento aspectos importantes para nuestra vida. Las lecturas nos ayudan a entrar utilizando una categoría simbólica, la categoría de la luz que supera a las tinieblas. Las tinieblas son vencidas por la luz, como dice el profeta Isaías en la primera lectura, el pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz. Y esta luz es la misma que vieron los pastores cuando nació Jesús en Belén. Esta idea de la luz que resplandece nos ayuda a entender de mejor forma el impacto que tiene el nacimiento de Jesús.  ¿Cómo entenderlo como una luz para nuestra vida?  Solamente lo podemos entender cuando también podemos experimentar las tinieblas que pueden haber en la vida de todos nosotros. ¿Qué tipo de tinieblas, podemos preguntarnos, tenemos a veces?  Hay muchas tinieblas que pueden acercarse, hacerse presente, amenazarnos o incluso aplastarnos. Pero podríamos agrupar como en tres tipos de tinieblas que tenemos en la vida. La primera, la más común, son las tinieblas que tienen que ver con la fragilidad humana, con lo que somos. Las tinieblas que tienen que ver con la enfermedad, las tinieblas que tienen que ver con el dolor, las tinieblas que tienen que ver con nuestra incapacidad para hacer muchas cosas, las tinieblas que nos hablan de que nuestra vida no la podemos superar por nuestro propio esfuerzo. Siempre nos encontramos limitados. Puede ser una enfermedad, puede ser la pobreza, puede ser el miedo, puede ser una catástrofe natural. Todas esas realidades nos hablan de lo extremadamente frágiles y débiles que somos. Es cierto que la humanidad con el tiempo, con su desarrollo, ha ido de una u otra forma mitigando esa condición, pero nunca la supera.  Siempre aparece nuestra fragilidad. Después vienen otro tipo de tinieblas que también se pueden acercar a nuestra vida y golpearnos. Tienen que ver con las relaciones entre los seres humanos. Todos nosotros nos relacionamos con los demás, y en la forma de relacionarnos a veces es de forma agradable,  confortable, enriquecedora, o a veces nos relacionamos con tensión, con agresión o incluso con violencia. Y surge esta situación en la cual la forma en que nos comunicamos unos a otros puede ser en algunas ocasiones una forma que nos produce tinieblas o nos produce temor, o nos produce amargura o tristeza. Y eso pasa, no solamente con personas que no conocemos, sino que también pueden pasar en el ámbito más cercano, incluso familiar.  Y uno dice, ¿por qué se me produce esto en mi familia o en las personas con las cuales yo me relaciono?  Son tinieblas también que nosotros vemos y que podemos experimentar. Pero hay un tercer tipo de tinieblas que son las más graves, las más difíciles de superar, y a veces con las que más nos cuesta comprender. Que es la tiniebla de darnos cuenta que nosotros no podemos trascender por nuestros propios medios, de que tenemos un inicio y un término. Y que todo lo que hacemos en la vida, todo lo que realizamos, todo lo que soñamos, puede concluir y terminar abruptamente. Puede ser algo que se termine. Y nos preguntamos, ¿y eso habrá tenido sentido? ¿Nos permitirá ir más allá?  ¿Cómo podemos trascender y llegar al mundo de lo divino para prolongar nuestra vida hacia lo eterno? Y a veces nos damos cuenta que por nuestro propio mérito, por nuestro propio esfuerzo, por nuestras propias capacidades, no somos capaces de trascender, no podemos trascender. Pues bien, el Señor hoy, con el misterio de la encarnación, con la celebración de la Navidad, se presenta como una gran luz, fulgurante, que viene a iluminar estas tinieblas que podemos experimentar en nuestra vida. En primer lugar, porque Él no llega como llegan los poderosos, no llega con una luz espectacular. Él llega haciéndose uno de nosotros, compartiendo nuestra condición humana, compartiendo la enfermedad, compartiendo la fragilidad, compartiendo todas aquellas tinieblas que nosotros podemos experimentar en nuestra vida.  Y así Él las vivió, con intensidad, como todos nosotros las vivimos. Primera forma en que Jesús se presenta como luz.  Estos dolores o estas tinieblas de nuestra condición humana nunca nos pueden aplastar como nunca aplastaron a Jesús de Nazaret. La segunda forma en que Jesús se presenta como tiniebla, como luz que supera las tinieblas, es justamente atrás de su predicación y de su palabra. Especialmente cuando nos invita a superar las tensiones entre nosotros o las relaciones a veces heridas, desde la caridad y el amor. Cuando nos dice, ama al prójimo como a ti mismo, vence aquello que te oprime, vence aquello que te hace temer, para poder efectivamente vivir en el amor. Y la tercera forma en que Jesús se presenta como luz que supera las tinieblas, lo vamos a celebrar más concretamente en la próxima Semana Santa, cuando hagamos memoria y celebremos el tránsito de Jesús por su pasión, por su muerte y su resurrección. El misterio de la Navidad que celebramos hoy resplandece