Carabineros celebra misa en Catedral de Puerto Montt en su aniversario n° 98 La Misa fue celebrada en la Catedral de Puerto Montt por el arzobispo de la diócesis, Fernando Ramos y asistieron autoridades regionales, representantes de las fueras Armadas y de Orden y comunidad. El arzobispo explicó que en este día, segundo domingo de Pascua, tenemos la alegría de poner nuestra atención en la resurrección del Señor, de cómo esta resurrección se transformó en algo extremadamente significativo para aquellos que eran sus discípulos. “No fue fácil para los primeros apóstoles que habían acompañado a Jesús, en lo que hoy conocemos como Tierra Santa, la zona de Galilea, en su predicación, en su ministerio público, habían visto los milagros que había realizado, habían escuchado sus palabras, se habían fascinado con lo que representaba Jesús y por eso se habían transformado en discípulos, lo habían seguido en distintas localidades y después lo acompañaron en un largo viaje a la ciudad de Jerusalén, que quedaba más al sur, y acompañándolo en ese viaje, fueron haciendo un aprendizaje de lo que significaba seguir al Señor. Y en ese contexto, él tres veces anunció que iba yendo a Jerusalén, que allí iba a ser tomado preso, iba a ser juzgado injustamente, iba a ser maltratado y que iba a morir. Pero el tercer día iba a resucitar. Los primeros discípulos no entendían bien esto de resucitar, porque la evidencia humana nos indica que todas las personas que mueren, no las volvemos a ver, fallecen, las sepultamos, hacemos duelo, lamentamos su ausencia, pero no tenemos contacto físico o visual o auditivo con las personas que fallecen. Lo que anunció Jesús, así ocurrió, subió a Jerusalén, fue tomado preso, fue condenado y procesado injustamente, calumniado, fue maltratado, fue crucificado, murió en la cruz, y eso lo vieron toda la gente de Jerusalén y lo vio también sus discípulos. Sin embargo, al tercer día se encontraron con Él vivo, y eso les produjo un gran desconcierto y una gran pregunta, y el texto que acabamos de escuchar ahora, el Evangelio de Juan, relata justamente ese momento del primer día de la resurrección del Señor, y en la tarde Él se aparece en medio de sus discípulos, estaban casi todos los discípulos, faltaba uno, Tomás, y Jesús se aparece, les da el don de la paz, les anuncia el don de la paz, y les dice, miren, vean los signos de mi crucifixión, mis manos están cortadas por los gestos o los signos de los clavos, mi costado aún abierto, donde fue enterrada la lanza del soldado romano, y sopló sobre ellos entregándoles el Espíritu Santo. Ocho días después, como dice el texto, ocurrió lo mismo, pero allí estaba Tomás, y entre los dos episodios, los otros discípulos habían encontrado con Él, habían dicho, hemos visto al Señor, hemos tenido un contacto visual con Él, y Tomás dijo, mientras yo no vea los signos de los clavos, mientras yo no coloque mi mano en su costado, yo no creeré que eso es verdad. Siendo un poco el prototipo de la actitud escéptica que en general todos los seres humanos tenemos, que nos cuesta creer algo que no hemos visto, Tomás nos representa en eso, y le dijeron, mira, ven con nosotros, y vas a ver. Efectivamente, después se reúnen con Él, aparece Jesús nuevamente, y llama a Tomás, le dice, mira, mira los signos de los clavos en mi mano, coloca tu mano en mi costado, donde está la herida de la lanza, y no seas no creyente, no seas incrédulo, sino que transfórmate en creyente. ¿Por qué? Pues como lo dice al final, porque transformándose en creyente, que Jesús ha resucitado, a uno se le abre un mundo, un mundo de esperanza, un mundo de que la vida tiene sentido, un mundo en el cual la vida no acaba con la muerte. Todo pareciera indicarnos que después de la muerte no hay nada. Todo pareciera indicarnos que vamos caminando hacia un muro al final de nuestra existencia con el cual vamos a chocar y se nos va a caer encima, pero la resurrección de Cristo nos amplía ese horizonte y nos muestra que la muerte no es la última palabra. Así lo vivieron los primeros discípulos, así lo vivió también Tomás, así también, con las palabras que dice Jesús más adelante, lo podemos vivir nosotros, como decía el mismo Señor, porque tú has visto, has creído, bienaventurados, felices, los que creen sin haber visto, los que creen sin haber tenido la oportunidad, los que creen basados en el testimonio de aquellos que sí vieron al Señor, como los primeros apóstoles, y que de generación en generación se ha venido transmitiendo este mensaje para que generaciones posteriores y de lugares muy lejanos como nosotros, podamos decir sí, Señor, acogemos tu presencia renovadora, tu presencia resucitada, porque es la que nos da el don de la paz. Siempre cuando Jesús, según los evangelios, aparece ante los discípulos, lo primero que les dice es que la paz esté con ustedes. Quisiera mencionar este aspecto porque es muy importante, especialmente en la crisis de seguridad que estamos viviendo en nuestro país, y unirlo con la festividad que hoy tenemos de los 98 años de Carabineros de Chile. Cuando hay inseguridad provocada por delincuencia, por violencia, por grupos organizados que buscan hacer el mal y aprovecharse del resto de los ciudadanos, se genera incertidumbre, se genera falta de paz, falta de paz en el corazón, falta de paz en la convivencia diaria, y se va generando algo que es terrible en una sociedad, la desconfianza mutua, de no tener confianza con quien está al lado mío, y nos vamos encerrando y nos vamos aislando unos de otros. tejido social se ve resentido con eso, y en Chile estamos viviendo eso, quizás como nunca antes, y por eso todos aquellos que luchan, buscan y trabajan por restablecer el tejido social, desde distintas trincheras, desde distintas situaciones, están siendo constructores de paz,