León XIV en Francia
Las pocas imágenes que la televisión chilena transmitió de la visita apostólica del Papa León XIV a Francia del 25 al 28 de septiembre recién pasados, apenas alcanzan a dar una idea de que un verdadero tornado de fe sacudió a París, Lourdes y Metz. En cambio, en las redes sociales abundan fotos, videos y testimonios de lo que significó en estos días la presencia de León XIV en Francia. Los medios franceses, impregnados del laicismo típico francés, no tenían muchas expectativas en torno a esta visita, tampoco se imaginaban lo que iba ocurrir en esos días: miles de personas participando en las Misas presididas por el Papa, París volcado en las calles para acoger a este visitante ilustre y una palabra del Papa que no eludió ninguno de los temas que tensionan actualmente a la sociedad francesa.
En efecto, en un país que prohíbe la utilización de cualquier símbolo religioso en todo lo que tenga que ver con lo público o el Estado, León XIV afirmó que la justa laicidad no consiste en excluir la religión del espacio público ni de la educación, sino más bien en la importancia de que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen y unan fuerzas al servicio del bien común. En Lourdes, en donde los enfermos, los discapacitados y los muchas veces descartados por la sociedad encuentran un lugar que los acoge como protagonistas, el Papa con claridad indicó que la Iglesia tiene pleno derecho a participar en el debate público francés y, más aún, declaró que es imposible considerar normal dar la muerte y que lo legal no es necesariamente moral (aludiendo a la recientemente aprobada ley de eutanasia en Francia). En Metz, en el encuentro “A las raíces de Europa por la paz y la unidad”, alentó a los jóvenes a no tener “miedo de formar una familia, de tener hijos, de defender la dignidad de cada persona, desde el primer instante en el vientre de la madre hasta su último aliento”. En resumen, su presencia y su voz se constituyeron en una gran faro para la sociedad y la Iglesia francesa.
Sin embargo, lo que más ha sobresalido en estos días en Francia es que algo está ocurriendo en ese país: cada vez más son los adultos que solicitan el sacramento del bautismo, aumentan los grupos de jóvenes que se reúnen para celebrar y profundizar la fe, las expresiones religiosas públicas desbordan el ámbito privado. No significa esto que toda Francia se esté convirtiendo al catolicismo; sigue siendo un país en el que el ateísmo y el agnosticismo tienen una presencia significativa. Más bien, lo que se advierte como una realidad nueva es que después de décadas de un discurso oficial que ha desvalorizado lo religioso como realidad auténticamente humana, la búsqueda de trascendencia, de sentido de la vida, de valores universales sigue viva en ese país, porque el desarrollo tecnológico, el bienestar económico y el individualismo sin fronteras no dan, ni puedan dar, respuestas a las búsquedas y anhelos más importantes del ser humano.
+ Fernando Ramos Pérez
Arzobispo de Puerto Montt