Benavente 385, piso 2, Puerto Montt | Correo: recepcion@arzpm.cl | Teléfonos: 65 2253295 | 65 2252215 | 961575294

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

Opinión: El sembrador, la semilla y la tierra

Una mirada a las noticias internacionales nos permite obtener un panorama que causa preocupación, desazón e incertidumbre. ¿Por qué tanto conflicto, guerras, agresiones y violencia? ¿Por qué pueblos y regiones enteras parecen estar a la merced de algunos pocos poderosos que no les interesa las necesidades de los más débiles? ¿Por qué el más fuerte aplasta al más frágil? Estas y otras preguntas afloran permanentemente en nuestra mente. Y si focalizamos nuestra atención a lo que ocurre en nuestro país, seguramente encontraremos otras tantas situaciones de agresión, falta de seguridad y violencia. Por esto, se hace ineludible la pregunta acerca de dónde está Dios o qué tiene que ver el Creador con nuestra vida concreta.

   

Tal vez atendiendo a este tipo de preguntas, pero en un contexto geográfico y temporal muy distinto al nuestro, es que Jesús de Nazareth se sentó una vez a orillas del Mar de Galilea y comenzó a enseñarle a una multitud de seguidores acerca del reino de los Cielos, a través de parábolas, es decir, pequeñas historias que invitan a los auditores a involucrarse en la narración para así entender el tipo de experiencia que se propone ilustrar. Una de esas parábolas es la del sembrador (cf. Mt 13,1-9). Cuenta Jesús que un día salió un sembrador a sembrar; el mismo tipo de semilla cayó en cuatro tipos distintos de tierra: al borde del camino, terreno pedregoso, terreno con abrojos y espinas, y tierra fértil. Dependiendo del tipo de tierra, la semilla tuvo distinta suerte: en una se la comieron los pájaros, en otra no pudo consolidar su germinación, en otra la pequeña planta que comenzó a surgir, terminó ahogada por los abrojos circundantes; en cambio la semilla que cayó en tierra fértil, dio mucho fruto: una ciento, otra sesenta y otra treinta.

Esta breve y sencilla narración, comprensible incluso para las personas más sencillas y menos instruidas, tal como el mismo Jesús lo explica más adelante (cf. Mt 13,18-23), nos muestra que Dios, a través de su palabra pretende fecundar la humanidad entera para que surja el reino de los Cielos aquí en la tierra. Pero Dios no lo hace desde la imposición del poder, sino desde la elocuencia de la verdad y la delicada invitación a hacerse partícipe de ese reino, aceptando su vida que se hace vida en nosotros.

La mayor o menor transformación del mundo y de nuestra sociedad de acuerdo a los parámetros de la verdad, la justicia y la paz, no dependen de una acción mágica del poder de Dios, sino más bien de nuestra aceptación y comprensión de su palabra transformadora, y nuestro compromiso a lo que Él nos propone realizar. Así nos convertiremos en tierra fértil para que, recibiendo la palabra de Dios, seamos capaces de dar mucho fruto de transformación para el bien de todos y de la sociedad. “El que tenga oídos, que oiga” (Mt 13,9).

 

 

 

+ Fernando Ramos Pérez

Arzobispo de Puerto Montt