Opinión Arzobispo de Puerto Montt: Magnifica Humanitas II
Ante el permanente desarrollo de la técnica y la búsqueda de nuevas fronteras en la ciencia, el ser humano se sitúa en el centro de este desarrollo y evolución. Por una parte, se ve beneficiado por los nuevos instrumentos que ofrece la tecnología, pero, por otra, también estos nuevos instrumentos afectan la vida de las personas. Así lo plantea el Papa León XIV en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, específicamente en referencia a la inteligencia artificial (IA).
Si bien el Papa no demoniza ni rechaza la IA, pues no se opone al progreso, señala que es una ayuda valiosa que requiere atención. A veces la IA puede deslumbrar por la rapidez con la que obtiene resultados, la impresión de objetividad y la habilidad para simular la comunicación humana. Con esto se corre el riesgo de debilitar el juicio personal y la propia creatividad, de someterse a los criterios y parámetros culturales de quienes la han elaborado, e incluso de inducir a engaño y dar la falsa impresión de estar en una relación con un auténtico sujeto personal.
Analizando más en profundidad, León XIV plantea que, en la búsqueda de un desarrollo sin límites de la revolución digital, hay ciertas narrativas de fondo que emergen en ella y que constituyen el trasfondo ideológico presente en algunos centros de poder y desarrollo digital. Se trata del transhumanismo y posthumanismo. ¿De qué se trata? “El transhumanismo imagina una potenciación del ser humano por medio de las tecnologías – biomedicina, ingeniería del cuerpo, dispositivos, algoritmos –, con la aspiración de incrementar el rendimiento y las capacidades. El posthumanismo, sobre todo en sus versiones más radicales, va más allá: critica el antropocentrismo y plantea una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, hasta imaginar que atravesará el umbral en el que la humanidad se superará a sí misma, entrando en una nueva etapa evolutiva. Aun cuando estas hipótesis siguen siendo en gran parte especulativas, van adquiriendo relevancia, porque modifican el imaginario colectivo y, en consecuencia, orientan las decisiones sociales, económicas y políticas” (MH, 116).
De esta forma, el Papa nos ilumina con respecto a la IA no en cuanto a lo que ella misma puede ofrecer a la humanidad entera, sino más bien en las orientaciones y opciones de quienes la elaboran y conducen, especialmente cuando sus decisiones afectan la vida concreta de personas humanas. Nuevamente emerge aquí la importancia de una antropología que se haga cargo de la amplitud de dimensiones que posee el ser humano y que lo hace poseer una maravillosa e insustituible naturaleza que llamamos humanidad.
+ Fernando Ramos Pérez
Arzobispo de Puerto Montt