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La Asunción de María: un llamado a vivir con fe, esperanza y resiliencia

Con una especial celebración en la Catedral de Puerto Montt, la comunidad arquidiocesana conmemoró el sábado 15 de agosto la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Durante la Eucaristía, el arzobispo de Puerto Montt, monseñor Fernando Ramos, invitó a contemplar en María un modelo de fe, perseverancia y resiliencia para la vida cristiana. En la celebración, además, religiosas de distintas comunidades de la Arquidiócesis renovaron sus votos de castidad, pobreza y obediencia.

   

La Iglesia celebró este sábado 15 de agosto la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, una de las fiestas marianas más importantes del calendario litúrgico. En la Catedral de Puerto Montt, la comunidad se reunió para participar de la Eucaristía presidida por el arzobispo Fernando Ramos, quien centró su homilía en el significado de este misterio de fe y en la figura de María como inspiración para los cristianos.

Al comenzar su reflexión, monseñor Ramos recordó que, aunque María vivió hace muchos siglos, su testimonio continúa siendo “un faro” para la vida cristiana. Explicó que el dogma de la Asunción fue proclamado por el Papa Pío XII en 1950, pero que esta verdad de fe estaba presente desde los primeros siglos del cristianismo.

El arzobispo explicó que la Asunción expresa que, al finalizar su vida terrena, María fue llevada a la plenitud de la comunión con Dios. “Dios la había acogido, la había levantado”, señaló, destacando que este misterio permite comprender el destino último al que está llamada toda persona: vivir plenamente en comunión con Dios.

María, portadora de alegría y esperanza

Otro de los aspectos destacados por monseñor Ramos fue el relato de la Visitación, cuando María visita a su prima Isabel.

El arzobispo señaló que la presencia de María lleva consigo a Jesucristo y, por ello, también produce gozo y alegría. En este sentido, invitó a reconocer que la verdadera alegría de la vida nace de la comunión con Dios.

“Por eso los antiguos escritores cristianos le daban el título de Cristófora a la Virgen María, es decir, la que lleva a Cristo y, al llevar a Cristo, produce alegría”, explicó.

De esta manera, María se presenta también como una figura a la cual recurrir especialmente en los momentos de dificultad, porque conduce a los creyentes hacia su Hijo y ayuda a encontrar en Él sentido, esperanza y luz.

Un modelo para la vida cristiana

En un tercer aspecto de su reflexión, monseñor Ramos presentó a María como imagen de la Iglesia y de todos los bautizados, un modelo que permite a los cristianos preguntarse cómo están viviendo su propia fe.

En este sentido, destacó tres características de la vida de María que pueden iluminar el camino de cada creyente: saber escuchar la Palabra de Dios, perseverar en la voluntad del Señor y ser resilientes ante las dificultades.

El arzobispo recordó especialmente el momento de la Anunciación, cuando María fue capaz de reconocer la voluntad de Dios y responder a ella. También destacó que su vida no estuvo exenta de dificultades: debió huir a Egipto, enfrentar el rechazo y acompañar a su Hijo hasta la cruz.

“Siempre la Santísima Virgen María fue capaz de atravesar las dificultades de la vida para poder allí descubrir la voluntad del Señor”, afirmó.

Para monseñor Ramos, esta experiencia de María puede ayudar a los cristianos a enfrentar sus propias dificultades y a preguntarse cuál es la voluntad de Dios en sus vidas y cómo permanecer fieles a ella.

Renovación de votos de religiosas

Uno de los momentos significativos de la celebración fue la renovación de los votos de las religiosas presentes en la Eucaristía. Mujeres consagradas pertenecientes a distintas comunidades de vida activa de la Arquidiócesis de Puerto Montt renovaron públicamente sus compromisos de castidad, pobreza y obediencia ante Dios y la comunidad.

El arzobispo destacó que este testimonio de consagración también ayuda a la Iglesia a acercarse a la figura de María y a descubrir en ella un modelo de entrega y fidelidad al Señor.

La celebración de la Asunción concluyó así como una invitación a toda la comunidad a mirar a María no solo como una figura central de la fe, sino también como un ejemplo concreto de cómo vivir el Evangelio: escuchando a Dios, perseverando en su voluntad, afrontando con esperanza las dificultades y llevando a Cristo a los demás.

La Solemnidad de la Asunción recordó de este modo que la vida de María apunta hacia la promesa que Dios tiene para todos sus hijos: la plenitud de la vida y la comunión definitiva con Él.