Arzobispado de Puerto Montt

Opinión: Constructores de paz

Pocas cosas son tan deseadas por los seres humanos como la paz. Vivir en paz o estar en paz, es un estado o condición al que todos aspiramos y cuando, por alguna circunstancia o situación, perdemos la paz, entonces nos damos cuenta de que la inquietud, el temor o la angustia se apoderan de nosotros. Siendo un bien tan apreciado por todos, uno podría esperar que la paz debiese ser el estado habitual y normal en el que viviéramos y nos moviéramos. Pero no es así; una miraba al mundo contemporáneo nos permite advertir que las amenazas a la paz brotan en todas partes. Conflictos bélicos en el Medio Oriente, una guerra que parece eternizarse entre Rusia y Ucrania, y un sin número de tensiones en distintos territorios y fronteras nos muestran cuán frágil es la paz en este mundo.

Por este motivo, la paz no parece habitar entre nosotros como la condición natural y siempre presente. Más bien la paz hay que conseguirla, hay que construirla. Y eso es posible desde el interior de nuestro ser y desde los ambientes en donde se ha ido construyendo nuestra identidad desde pequeños. Hoy nos vemos enfrentados a situaciones en nuestro país que no deseamos, pero que golpean nuestra conciencia por la crueldad con que se presentan: asesinatos en escuelas o de servidores públicos, acciones criminales sin límites del narcotráfico nos interpelan sobre las posibilidades de la paz y del tipo de sociedad que hemos ido construyendo.

Desde esta perspectiva, aquellos que públicamente y desde sus responsabilidades ante los demás se comprometen y promueven la paz son cada vez más importantes para que efectivamente la paz germine en nuestra sociedad. En este sentido, los permanentes llamados a la paz del Papa León XIV surgen como una bocanada de aire fresco que inspiran un renovado empeño para construirla entre nosotros, especialmente ante los graves conflictos internacionales que amenazan con el equilibrio y la estabilidad en el mundo entero. Por eso, produce gran perplejidad que haya sido denostado y ofendido por el presidente de Estados Unidos, tratando de debilitar su liderazgo internacional, que justamente marca un contrapunto ante quienes sostienen y creen que la lógica del más fuerte se ha de imponerse en las relaciones internacionales.

El llamado a ser auténticos constructores de paz es para todos. Es cierto que los líderes del mundo son pocos y no todos tienen el espacio o la responsabilidad para influir en los acontecimientos mundiales. Sin embargo, cada uno puede, en la medida de sus posibilidades, convertirse en un artesano de la paz en donde se encuentre, para ir, a través de las palabras y las obras, cincelando este bien tan preciado por todos. Así se hará realidad lo que Jesús de Nazaret dijo hace dos mil años en un monte: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).

 

+ Fernando Ramos Pérez

Arzobispo de Puerto Montt