La Iglesia de Puerto Montt celebró con alegría el Domingo de Pascua, centro de la fe cristiana
Con profunda alegría y esperanza, la comunidad católica celebró el Domingo de Pascua de Resurrección en la Iglesia Catedral, proclamando el acontecimiento central de la fe cristiana: la victoria de Cristo sobre la muerte.
Durante la celebración, el arzobispo recordó que la Resurrección no es una idea ni una creencia simbólica, sino un hecho real que transformó la historia y la vida de los creyentes. En ese sentido, afirmó con convicción: “hoy, Domingo de Pascua, celebramos el momento central de nuestra fe, la Resurrección de Cristo”, destacando que este acontecimiento ha sido anunciado por la Iglesia desde sus orígenes.
Al reflexionar sobre el Evangelio, el arzobispo explicó cómo los primeros discípulos fueron descubriendo progresivamente la verdad de la Resurrección, a partir de los signos encontrados en el sepulcro vacío y de los encuentros personales con Jesús resucitado. Recordó especialmente el testimonio del apóstol Pedro, quien no solo vio la tumba vacía, sino que también se encontró con el Señor y dio su vida por anunciar esta verdad.
El arzobispo subrayó que la Resurrección es un acontecimiento histórico y trascendente que interpela a todos los cristianos, señalando que “estamos celebrando un hecho histórico, un hecho sorprendente, un hecho inédito en la historia de la humanidad, que no nos deja indiferentes”.




Asimismo, explicó que la participación en esta vida nueva se realiza de manera especial a través del sacramento del Bautismo, que une a los creyentes a la muerte y resurrección de Cristo. En sus palabras, “la forma que tenemos nosotros de participar en esta maravillosa experiencia de Cristo resucitado es justamente el bautismo, porque nos une a la persona del Señor”.
En su mensaje final, el arzobispo invitó a vivir la Pascua con una mirada renovada frente a las dificultades de la vida, recordando que la Resurrección es fuente de esperanza incluso en medio del sufrimiento. En este contexto, expresó: “no hay situación, por más dura que ésta sea, ni la muerte, ni el sufrimiento, ni el odio, que pueda ser más importante que la resurrección de Cristo, porque Cristo con su resurrección ha vencido todo eso”.
Con esta celebración se dio inicio al Tiempo Pascual, que se extiende durante cincuenta días hasta la solemnidad de Pentecostés, período en el que la Iglesia vive y anuncia con gozo la presencia viva de Cristo resucitado en medio de su pueblo.