Arzobispado de Puerto Montt

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Acompañadas de la comunidad, el viernes 5 de septiembre, se celebró una Santa Misa a las 18 horas en el Monasterio de Colonia Tres Puentes presidida por Fernando Ramos, arzobispo de Puerto Montt con motivo del aniversario n°25 de la comunidad religiosa.

 

El arzobispo dijo que “la historia de esta comunidad en estos 25 años ha sido la de vivir esta bendición que el Señor trae y que comparte con ustedes. Es cierto que tuvieron que experimentar el frío, es cierto que pasaron nueve años hasta que se trasladaron a este sector y empezaron a construir este monasterio tan bonito, y después construyeron la iglesia. Es cierto que han tenido dificultades que sobrellevar, tantas cosas.

 

Pero uno se pregunta, bueno, ¿y qué es lo que motiva a estas monjitas, ¿qué es lo que la anima en lo profundo de su corazón? Es la misma motivación de Abraham, dejarlo todo para seguir esta vocación, esta bendición. Y volvemos a preguntando, entonces, ¿por qué es que este monasterio es una bendición para nosotros? En realidad, en nuestra querida ciudad de Puerto Montt, fue en el primer monasterio contemplativo, que ya han perdurado en el tiempo.

 

   

Al poco tiempo han venido a las Carmelitas, que están en la ciudad de Puerto Montt, y si Dios quiere, va a llegar un tercer monasterio, tal vez en el verano. Hay que rezar para que así sea, porque también hay que superar dificultades para que lleguen. Por eso, podemos preguntarnos, ¿por qué son una bendición? ¿Son realmente una bendición? La sociedad contemporánea no entiende la vocación contemplativa.

No entiende que un grupo de mujeres viva en la clausura. No entiende que un grupo de mujeres no esté preocupada de ganar plata. No entiende que un grupo de mujeres viva en comunidad, cuando hoy en día se privilegia la autonomía personal y la propia decisión personal.

Pero no nos vamos a dejar llegar por la incomprensión de la gente. ¿Qué hay de bendición en todo esto? ¿Por qué nosotros, como arquidiócesis de Puerto Montt, nos sumamos a este grupo de mujeres que hoy en día están celebrando 25 años acá, en este lugar, en esta arquidiócesis? Yo diría, en primer lugar, son una tremenda bendición para todos nosotros, porque nos hablan de cosas que el mundo no nos habla. ¿De qué cosas? En primer lugar, de la oración.

El mundo de hoy relajó. No le interesa rezar. Más aún, no faltarán los que dicen, bueno, ¿rezar para qué? ¿Qué utilidad me trae el rezar? En cambio, aquí hay un grupo de mujeres que rezan todo el día. Y en eso nos hablan de una vocación humana. Nosotros, como seres humanos, tenemos sentido, nuestra vida tiene sentido sólo cuando somos capaces de confrontarla desde nuestra condición de hijos e hijas de Dios.

Alguien podría decir, no, lo más importante para el ser humano es desplegar su potencialidad. Es verdad, es muy importante, pero eso no sirve para nada si no lo hacemos desde nuestra condición de hijos e hijas de Dios. Otra persona dirá, bueno, es construir, crear, pensar, desarrollar nuevas cosas, aspirar a generar realidades nuevas.

Sí, será interesante e importante eso, pero no sirve de nada si no lo hacemos desde nuestra condición de hijos e hijas de Dios. Porque nuestra condición más verdadera es que somos creativos del Señor. Y nos ha regalado la vida para que podamos aprender de ella desde nuestra condición filial de Dios.

Y la oración nos habla de eso. La oración nos sitúa o nos resitúa permanentemente las coordenadas que nos ubican en el tiempo y en la historia. Eso es lo que nos produce la posibilidad de rezar.

Y si alguien pierde el horizonte y la brújula de su vida, y no sabe cómo rezar o no sabe entender la oración, aquí es el lugar donde se puede encontrar con Dios en la oración. Por eso son ustedes una bendición para nosotros. En segundo lugar, esta Comunidad en forma específica y particular tiene el nombre de Adoratrices.

No es simplemente rezar, no es solamente cuidarlo, no es solamente mirarlo, es adorarlo, porque es la presencia sacramental del Hijo de Dios en medio de nosotros. Y eso es muy importante. Y aún más, diría yo que, por lo menos, ya que ya estoy en el cuarto final de la vida, como dice, ya estoy en adulto mayor, en mi experiencia, diría yo, que con todas las vicisitudes que hemos tenido, todos los problemas, creo que hay una tendencia hoy en la Iglesia aquí en Chile de mayor aceptación y veneración del acto de adoración a Cristo Sacramento, de cuanto yo lo veía cuando era joven.

Pero igual, para adorar al Señor hay que estar delante de Él, hay que ir a un lugar donde esté expuesto. Y si alguien quiere adorar al Señor, aquí lo va a encontrar.

Por eso, querían ser hermanas, ustedes son una bendición para nosotros, porque nos hablan de la adoración como un elemento constitutivo de nuestra forma de ser cristiana.

Aquí se puede encontrar un espacio para plantearse las cosas fundamentales de la vida. Por eso son una bendición. Y por eso vuelvo como comenzaba, la historia de Abraham es una gran inspiración en nuestra comunidad.

La historia de Abraham habla de una vocación, de un llamado para recibir la tierra prometida, y desde donde va a surgir un pueblo. Y todo eso va a ser una bendición, una bendición de Dios. Y así fue, de allí después surgió el pueblo de Israel, y de ese pueblo hemos recibido nosotros a Cristo el Salvador, y ahora nosotros, la Iglesia, somos el nuevo pueblo de Israel, que seguimos bebiendo de esta historia, y de esta historia de salvación de Dios en ese pueblo y en nosotros.

Y así como ahora están cumpliendo 25 años, les deseamos que cumplan muchas veces más otros 25 años. Al Señor, por todo lo que ha suscitado a ustedes, sea toda la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.