Hace 6 días se celebró la fiesta litúrgica de la Virgen de la Candelaria o de la Presentación del Niño Dios. En muchas partes de nuestra arquidiócesis, miles de peregrinos concurrieron a los santuarios de la Candelaria en torno al lunes 2 de febrero, día de la fiesta. Personalmente tuve la oportunidad de asistir a una hermosa celebración y posterior procesión en el mar en la comunidad de San Antonio de la parroquia San Miguel Arcángel de Calbuco, y al día siguiente en los santuarios de la Virgen de la Candelaria de Carelmapu y de Alerce histórico. A pesar de la lluvia, miles de personas quisieron rendir un sentido homenaje de agradecimiento ante la imagen de la Virgen de la Candelaria.
Las crónicas señalan que la devoción en esta zona por la Virgen de la Candelaria comenzó a principios del s. XVII cuando los españoles trajeron una imagen de la Virgen a Carelmapu. Su deseo era llevarla a Chiloé, pero por diversas circunstancias no fue posible. Por ese motivo se estableció en Carelmapu y comenzó a ser visitada por la población local.
La fiesta en la Iglesia comenzó a divulgarse desde Oriente a distintas partes del mundo cristiano hacia el s. VI. Pretende hacer presente el hecho narrado en el evangelio de Lucas de que 40 días después del nacimiento de Jesús, éste es presentado por sus padres en el Templo de Jerusalén, siguiendo la ley mosaica (Cf. Lc 2,22-40). Dicha presentación era un acto simbólico de consagración del primer hijo varón, como una forma de rescate y protección, para lo cual se sacrificaban un par de tórtolas o de pichones de paloma. A su vez expresaba la conclusión de la purificación de la madre por el parto que había tenido.
Sin embargo, en ese momento ocurrió un hecho sorprendente, porque un anciano de nombre Simeón, con fama de profeta, al ver al niño Jesús proclama que ese niño es el Mesías esperado que se convertirá en luz de las naciones y gloria de su pueblo, Israel. Este hecho es la causa de que la imagen de la Candelaria es representada como una Virgen que en un brazo tiene al niño Jesús y en la mano del otro brazo una vela o candela encendida, expresando así que el niño en su brazo es la auténtica luz de las naciones. Por eso, en ese día también se bendicen velas para los peregrinos.
¿Por qué tantos peregrinos van a la Candelaria? La vida de mucha gente es a veces un caminar en oscuridad y tinieblas. ¿Cuánta gente vive ensombrecida por enfermedades de todo tipo que amenazan su vida? ¿cuánta gente pierde su trabajo y ve el futuro sin esperanza para llevar el sustento a su hogar? ¿cuántos se han sentido amenazados por el crimen organizado o el narcotráfico sin saber cómo salir de eso? Y así, podríamos agregar un elenco infinito de situaciones en la vida que se ciernen como oscuros nubarrones en la vida de la gente. Por eso, miles de personas se van a encontrar con la Candelaria, porque saben que ella les ofrece la única luz que ilumina en verdad, a Jesús su hijo, luz de las naciones.
+ Fernando Ramos Pérez
Arzobispo de Puerto Montt