Cuando va quedando poco para la celebración de semana santa, habitualmente las personas y familias comienzan a planificar qué hacer esos días. Siendo una semana corta de trabajo, se pueden hacer múltiples actividades que habitualmente no se hacen: desde el turismo – con una abundante oferta de paquetes turísticos – hasta quedarse en casa descansando o participando en alguna de las variadas celebraciones litúrgicas de esos días.
Sea cual sea la elección y sea cual sea la condición religiosa de cada uno, la semana santa no es solo un llamado a la práctica religiosa. En efecto, para el mundo cristiano esos días permiten focalizar la atención en el misterio central de quienes confiesan que Jesús de Nazareth es verdadero Dios y verdadero hombre; se trata del paso de la vida a la muerte y de la muerte a la vida, que están contenidos en la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Es también algo más y que invita a los no cristianos, sean creyentes o no creyentes a plantearse en serio si acaso la vida es capaz de trascender a la muerte.
Para el amplio mundo cristiano, compuesto no sólo de católicos, sino también de luteranos, calvinistas, anglicanos, ortodoxos, evangélicos y muchos otros grupos, todos concuerdan que la celebración de la Pascua de Cristo es el momento celebrativo cumbre de la vida cristiana, en donde se pone en evidencia el triunfo de Cristo sobre la muerte. En cambio, para el mundo no creyente, que parece ir ganando adeptos en distintas latitudes incluida la nuestra, la semana santa se convierte en una interpelación, un cuestionamiento, una pregunta fundamental: ¿qué hay al final del camino de la vida? ¿qué nos encontraremos después de la muerte? ¿con la muerte se acaba todo o hay algo más que nos permita trascenderla?
Por consiguiente, se podrán hacer muchas actividades o escapadas en estos días que se avecinan, pero lo que parece ineludible para todos es hacerse algunas preguntas sobre la trascendencia de la vida. Si no hay trascendencia y todo termina con la muerte, ¿qué sentido tiene la vida? ¿es razonable pensar que existimos sólo para morir? La lectura cristiana, en cambio, apoyándose en el testimonio histórico de quienes vieron a Jesús muerto en la cruz y que, después de tres días, se encontraron con él vivo, con quien pudieron conversar e incluso tocar las llagas de la crucifixión en su cuerpo, la vida humana no puede simplemente acabar con la muerte: la esperanza echa sus raíces en la victoria de Cristo que ha vencido a la muerte y con él podemos también nosotros vencerla.
+ Fernando Ramos Pérez
Arzobispo de Puerto Montt